Ni fintas, ni slaloms. Ni caños, ni quiebros. La imagen del partido no se
dibujó sobre el encerado parquet del P. Barajas. Tuvo lugar en el banquillo
del Asko de Gama, a donde se dirigió un exhausto y desconcertado rival. Era
el capitán de Manila 5 estrellas, el mejor equipo de todas las Ligas Marca,
que se acercaba sumido en un mar de dudas. Con un hilillo de voz, fundido
física y emocionalmente, sólo fue capaz de murmurar un par de temblorosas
palabras: "No me podía imaginar que esto iba a ser tan jodido". Mi respuesta
no pudo ser otra. "Somos el Asko de Gama".
Algo brilló en sus ojos y se fue asintiendo con la cabeza, como si hubiera
disipado hasta la última de sus dudas. Aquella noche se iría a la cama
sabiendo una cosa más: hay un equipo bianconero que muerde hasta después de
muerto. Se llama Asko de Gama, y este Domingo retó al campeón de todo sin
portero ni banquillo.
El pabellón estaba tan lejos que el partido pareció jugarse en las
Termópilas. Porque Juaneta, Aiwa, Salido, Cañas, KUNdenas y Ameneiro no son
300 pero también habrían parado a un ejército persa. 40 minutos de intensa
defensa sin balón, pierna dura, y contras de vértigo en 2 toques sirvieron
al Asko para mantener el 1-1 a falta de 7 minutos. Una contra llevada a cabo
por Aiwa había servido a Kundenas para poner el empate en el marcador. Un
resultado justo e inesperado que sólo se rompió cuando los pulmones y el
aliento no dieron para más. 2 golpes al mentón y fin de la temporada.
Tenía microrroturas de fibras hasta en los párpados. Pero aún no podía
cerrar los ojos y descansar. Tenía que tenerlos bien abiertos para mirar al
Asko y resumir en un par de palabras el sentir del equipo: Fuerza, asko y
horror.
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